viernes, 8 de agosto de 2008

¿Quienes son el traile, por Dios?

Sentado y de frio, agosto helado: Maldito. Los pies congelados y los puños, orejas y nariz entumidas todas; el rasponazo en la garganta y el parpadeo acelerado; todo cuando trailes de faroles grandes y encendidos pasan sin ver haciendo estremecer el suelo, haciendo vibrar mis pies y haciendome temblar por mis dentros, aumentando el miedo de caer como manzana de Newton sobre el cementerio que piso y donde vivo; y que, cual rito funerario continuará a cargo de inmenso traile se cruce: estremece más mi suelo, congela más mis pies, entume más mis puños, orejas y nariz, y acelera más mi parpadeo con el polvo, la tierra sucia, el barro, la escoria y la mierda que levanta y me entierra cuando a la vez vibra mi cuerpo y me hace temblar por mis adentros. Todo con faroles grandes y encendidos pero sin ver, maldita sea.

Me asusta, me envejece, me entierra.
Me envejece, me entierra, me asusta.
Me entierra, me asusta me envejece.

Paralela consecuencia de una sola causa.
Tradicional secuencia ya no consecuente y ahora igualada.

¿Quienes son el traile, por Dios?

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